jueves, 3 de septiembre de 2009

# 8 – No me enamoro, mejor me voy de fiesta.


En las estibaciones de los valores y principios, mi maestro espiritual Jaime Bayly, había confeccionado, sin escrúpulos ni mucha premeditación, lo que sería más tarde para mí un manual de supervivencia. El ABC de la vida misma; el master de La Universidad de la vereda. Años después de haberlo leído por primera vez y con ciertos conflictos con Movistar, encontré en uno de sus pasajes una frase que sin duda no pasé por alto: “No me enamoro, mejor me voy de fiesta”.
Como dijo un pensador contemporáneo en uno de sus ensayos sobre “Las changas sexuales y el cosmos”, hay una delgada línea roja entre el deseo y la chocotorta, y hay que evitar cruzarla. Remarcaba sobre el final de sus escritos que las consecuencias podrían ser espeluznantes. Entre sus trabajos de campo contaba experiencias de quienes querían alistarse en el escuadrón SWAT o ser un encamisado en Frávega.
Olvidando muchos conceptos y premisas que aparecían en el manual de Jaime, cometí muchos errores en la vida, pero sin duda el más grave fue vender mi auto para comprarme una moto y tunearla. Si bien Don Omar sonaba en todas las esquinas, cada día de lluvia que pasaba extrañaba mi vieja Renauleta. Otro error, de menor calibre si se quiere, fue el de haber llamado a una comisaría y decir “Vení a buscar la piza gordo botón”. Con los pibes nos matamos de la risa, pero nunca volví a ver los enanos de jardín que tenía en el hall y mi amigo el “pollo” apareció en una zanja con una inscripción en la espalda... “Tu vieja y yo”.
Cuando creía que sabía todo me di cuenta que existían los tacheros, y cuando perdí la virginidad perdí el aguinaldo. Es que el despertar sexual es así... la cama desarmada, un pucho a medio consumir y un Natalia Natalia que muchos tratarán de no volver a cruzarse; no hay SMS que por bien no venga; no hay Nextel en alta voz sin papanata que se lo ponga. Es así que a la hora del amor algunos ponen Venus, otros simplemente se conforman con FTV... canal de “moda”.


Sacate el comedor que raspa. 1936.
Por aquellas épocas no existía el Facebook y el encuentro se definía en la milonga.

Chocolocotorta. 1988.
Ese día caímos en la casa de unas amigas del jardín con un amigo. Habíamos llevado una ginebra pero nos la confiscaron en la entrada.

Las groupies no se manchan. 1912.
En aquel tiempo la música y el “amor” iban de la mano... pero había códigos.

1 comentario:

  1. Y yo que pense que Borges era un groso de la escritura; durante años me vendieron que Cortazar con su Rayuela había revolucionado el mundo de la literatura, y me encuentro hoy, sentada frente a la PC casi en lágrimas por este escrito, un pibe como Canio que sin fumarla ni beberla se convierte en un nuevo hito de la literatura contemporanea, Bien Canio!!, Gracias por tu magia!

    ResponderEliminar